El arte de la lentitud
Prisas y más prisas
Te voy a proponer un sencillo ejercicio. Antes de seguir leyendo reflexiona un instante sobre estas preguntas: ¿A qué velocidad te mueves durante el día? ¿Vas corriendo a todas partes? ¿Realizas tus acciones (caminar, hablar, limpiar, comer…) de forma rápida, sin ser consciente de ellas? Responde con sinceridad. Recapacita sobre si esto es así en de tu día a día.
Las personas que vivimos en grandes ciudades estamos sometidas a un mayor nivel de estrés que las personas que viven en el campo o en pueblos pequeños. Estamos rodeados de ruidos, gente, contaminación (ambiental y lumínica) y un largo etcétera. El ritmo de vida en la ciudad es frenético, todo tiene que ir rápido: los coches van rápido, vamos corriendo a todas partes, queremos terminar todo ya, queremos que nos sirvan la comida lo antes posible… Todo ha de ser YA.
Y de repente, te ves en tu casa, comiendo rápido, hablando rápido con tu familia y haciendo todo a gran velocidad sin ni siquiera darte cuenta… La prisa se ha convertido en un estilo de vida.
Cuando era una niña y viajaba con mis padres a ver a mi familia a Cádiz, se trataba de un viaje en coche largo y cansado. Por aquel entonces, no había autovía en el Despeñaperros y cruzarlo suponía mucho tiempo parados por la afluencia de camiones. Recuerdo que cantábamos canciones, hacía juegos con mi hermano o bien me evadía mirando por la ventanilla. Hacíamos varias paradas en pueblos bonitos, dónde comíamos o dábamos un paseo para estirar las piernas. El viaje se convertía en algo muy agradable, en un tiempo para pasar en familia y para descubrir nuevos pueblos y paisajes.
Ahora todo ha cambiado mucho. Los viajes se hacen por la autovía y apenas se para a descansar. El objetivo es llegar lo antes posible, sin disfrutar del camino, y es exactamente eso lo que nos pasa en la vida. Queremos llegar a la meta sin ser conscientes ni vivir el camino, cuando el camino es la propia meta.
Es como si quisiéramos morir sin haber vivido… Piénsalo, si la meta de la vida es la muerte ¿Realmente quieres llegar ahí tan rápido y sin disfrutar del camino? Dejamos que nuestra vida pase sin vivirla, sin ser conscientes de ella, enfocados en llegar ¿A dónde? ¿A qué? Nos ponemos un piloto automático y adelante. No somos capaces ni de recordar lo que hicimos hace un rato o lo que comimos ayer.
La lentitud hace que todo se torne más real y placentero. Te haces más consciente de ti mismo y de lo que te rodea. De repente, ves cosas en las que nunca habías reparado y, sobre todo, tu respiración se ralentiza, lo que hará que tu cuerpo se deteriore más despacio. La lentitud también hace que salgas del automatismo, al volverte consciente de los que estás haciendo. Desactiva el piloto automático en el que pasamos inmersos la mayor parte de nuestra vida.
Ejercicio: localiza tu piloto automático
Este ejercicio nos sirve para ser conscientes de nuestros automatismos. Para ello, primero tenemos que localizar dónde tenemos activados nuestro piloto automático. Una vez lo hayamos localizado, lo transformamos mediante la atención y la lentitud en la acción.
Piensa en una actividad que realices en tu día a día sin prestar atención (conducir, comer, hablar con la gente, andar, ducharte, etc). Durante una semana, cada vez que lleves cabo esta actividad, pondrás toda tu atención en ella, pasando del modo HACER al modo SER. Hazlo lentamente (no se trata de que, si has escogido conducir, vayas a 20 por la carretera y que manejes el volante a cámara lenta, si no que ralentices tus movimientos para ser conscientes de ellos. Es como cuando aprendes algo por primera vez y pones toda tu atención ello). Fíjate en las sensaciones corporales que tengas, permanece en el presente. Si el diálogo interno aparece y te absorbe, que lo hará, trata de identificarlo y de volver a centrarte en tu actividad.
Puedes hacer este ejercicio con una actividad o con varias.


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