La impermanencia. Practicando con los sonidos

Nada permanece


En el budismo tibetano, una de las prácticas preliminares para iniciarse en cualquier tipo de meditación es reflexionar sobre la impermanencia en todas sus dimensiones.
La impermanencia es el cambio continuo, el fluir de todo aquello que existe a nuestro alrededor, incluidos nosotros mismos. Todo cambia, nada permanece y resulta crucial reflexionar sobre ello para poder emprender una buena práctica de meditación.
Todos moriremos algún día, nuestras relaciones no durarán siempre, nuestros trabajos cambiaran o se acabarán… Nada de nuestra existencia permanecerá, e incluso el mundo, al menos tal y como lo conocemos, también se terminará en algún momento.

Una de las características básicas de la percepción que tenemos del yo (de nuestro yo) es la continuidad. Nuestra mente almacena recuerdos, procesa experiencias presentes y futuriza con lo que sucederá el día de mañana, creando una línea temporal necesaria para darle sentido a nuestras vidas, pero es inexistente, una ilusión creada por nuestra mente. Únicamente tenemos el instante presente y normalmente tendemos a no ser conscientes de ello. Nuestra mente vive en el pasado y en el futuro y no está acostumbrada a percibir el momento presente, por eso no cuesta tanto disfrutar y ser conscientes de lo que estamos viviendo AHORA.

Existe también una impermanecia a corto plazo, más sutil pero, en mi opinión, más fácil de apreciar. Se trata del hecho de que todo fenómeno físico o mental aparece, se mantiene unos instantes y desparece. Esto ocurre, por ejemplo, con nuestros pensamientos. Teóricamente, esta impermanencia es más difícil de percibir, pero según mi experiencia, estos fenómenos físicos o mentales son más fáciles de apreciar y de entender cuando se empieza a meditar, ya que ser conscientes del hecho de que nuestro yo no es permanente, de que moriremos o de que nuestras relaciones no durarán siempre, aunque lo sepamos, la continuidad a largo plazo que nuestra mente de da a estos hechos, hace que lo veamos como algo lejano y permanente y que resulte más difícil meditar en ello.



Ejercicio. La impermanencia de los sonidos


Esta impermanencia a corto plazo es muy fácil de percibir con los sonidos. Cuando nos disponemos a meditar y cerramos los ojos, nuestra atención tiende irse primero a los sonidos que nos rodean, por lo que resulta más fácil concentrarse en ellos y apreciar como un sonido viene, termina y luego aparece otro. 

El ejercicio que propongo es una meditación corta siendo consciente de los sonidos que nos rodean. Se trata de concentrarnos, primero, en los sonidos que oímos en conjunto, si hay varios, después, debemos céntranos en uno solo, y ser conscientes de cuánto dura. De repente se acaba y entra otro sonido, o puede que sea el mismo, y así sucesivamente con lo que oigamos. Podemos contar los segundos que dura cada sonido, o simplemente escucharlo y ser consciente de cuando empieza y cuando termina. 

Puedes practicar con este video que he preparado. Ponte los auriculares e intenta distinguir la duración de los diferentes sonidos que aparecen en él. ¿Cuántos sonidos distingues? ¿Cuál es el sonido que más ha durado? ¿Se repite alguno? 





Referencias

GARCÍA CAMPAYO, J. Vacuidad y no-dualidad. Kairos 2020 Barcelona





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